Publicado el Lunes, 09 Agosto 2010 en la categoría Vanguardia

El mito del bebedor extra large: Alcohol y agresividad

Autor  Joana Flores

Mantener la convicción de “cero alcohol en las venas” pudiera ser un mantra conflictivo para muchas personas, especialmente para aquellas que esperan la llegada de los festejos en compañía de un bebedor. 

“Apártate de los tipos ebrios que miden más de 1.80, con varios kilos encima, y que comienzan a agitar los brazos y hablar de forma graciosa. Si permaneces a su lado…seguro recibirás un golpe directo en la cara y sin aviso… ¡Entiéndelo, ellos no lo pueden evitar!”,  dice una vieja frase.

Y es que el alcohol es un brebaje a considerar, en particular cuando se mezcla con una pizca de agresividad. Esto lo sabe muy bien el doctor Nathan DeWall, psicólogo de la Universidad de Kentucky en Estados Unidos.

Ya que en fechas recientes, DeWall y su equipo decidieron comprobar aquel estereotipo  que señalaba a los hombres altos y fornidos como personas propensas a ser Peligrosas en Estado de Ebriedad (PEE) o  DWI (Dangerous While Intoxicated) por sus siglas en inglés. “La evidencia anecdótica apoya este estereotipo, pero ¿tiene algún soporte científico?” se preguntó DeWall.

El estudio recibió el nombre de The big, the bad, and the boozed-up: Weight moderates the effect of alcohol on aggression, y basó parte de su tesis en hechos comprobados científicamente por la psicología y la biología.

“El tamaño corporal se correlaciona positivamente con la agresión en muchos animales machos, desde insectos, peces, hasta mamíferos. Lo mismo sucede con los seres humanos: los machos más pesados son más agresivos que los más pequeños”, cita el psicólogo.

De la misma forma, otra premisa a considerar dentro del estudio fueron las observaciones que la “Teoría recalibracional de la ira” de Aaron Sell, psicólogo del Centro de Psicología Evolucionista de la Universidad de California, mostró con respecto a la ira humana y su vínculo con la capacidad de negociación que las personas muestran ante ciertas situaciones. 

De acuerdo con esta teoría, los hombres más fuertes tienen una capacidad mayor —en comparación con los hombres débiles— para infligir costos a otros en situaciones de conflicto, lo cual aumenta su poder de negociación en una situación determinada.

Sell y sus colegas también advierten que “la talla corporal está relacionada con la propensión a la ira, sentimientos de grandeza, historial de peleas y empleo de agresión física entre hombres”.  

Ello coincide con una serie de expedientes previos en tribunales estadounidenses,  acumulados a lo largo de los años, que reportan la detención de hombres altos  y corpulentos involucrados en peleas callejeras, muchas de ellas involucradas con alcohol. 

En busca de la comprobación…

La investigación se llevó a cabo mediante dos experimentos, con una muestra inicial de 880 participantes de entre 21 y 35 años, de los cuales 442 eran hombres y 438 mujeres.

Durante el primer experimento, 553 personas fueron seleccionadas y divididas en dos grupos (A y B). El grupo A recibió una bebida alcohólica, mientras el grupo B recibió una bebida placebo.

El procedimiento del segundo experimento fue muy similar, sólo  que contó con la participación de 327 personas, divididas de la misma manera, es decir en dos grupos (C y D).  Nuevamente, el grupo C recibió de manera aleatoria una  bebida alcohólica y el D un placebo.

Para provocar la reacción violenta, los participantes se enfrentaron a un oponente ficticio en una tarea que involucraba presionar el botón de un ordenador lo más rápido posible, después de mirar una señal en la pantalla.  El ganador podría mandar un “toque eléctrico” al perdedor, anunciando de este modo su victoria.

¿Los resultados fueron los esperados? Los investigadores encontraron una relación significativa entre alcohol, peso y agresión entre los hombres “más pesados”, mientras que el comportamiento de la mujer no manifestó conexiones importantes entre estos campos.

“La agresión fue de nuevo mayor en los hombres más pesados en comparación con los hombres más ligeros. El alcohol también aumento  la agresividad entre las mujeres, pero el efecto no dependía de si eran relativamente pesadas o ligeras” explica el estudio.

Géneros

Así las cosas, la prevalencia de agresión en los hombres que beben ¿tiene algún sentido?, ¿la mujer es inmune a los efectos “conflictivos” del alcohol? Para DeWall, la investigación científica no ha demostrado relación alguna entre la talla corporal y la conducta agresiva.

“El tamaño físico no debe ser un factor de riesgo de agresión en las mujeres debido a que la cantidad de costos que podría infligir a los demás siempre será menor que las de los hombres” explica.

Sin embargo Aaron Sell no está tan seguro, pues afirma que pese a no detentar poder valiéndose de riñas o disputas –involucrando su estatura o corpulencia—, la mujer utiliza el atractivo físico como un recurso eficaz para obtener beneficios durante una negociación, aunque en realidad aún no se sabe con certeza si esto ocurre cada vez que bebe alguna emulsión alcohólica. 

Pese a ello,  el psicólogo sugiere que los estereotipos generados en torno al trinomio alcohol-hombre-agresión, provienen principalmente de la segregación que algunas sociedades alrededor del mundo promueven con respecto al sexo fuerte y sexo débil, es decir, hombre y mujer respectivamente.

Ya que mientras el sexo masculino “debe” ser aquel que detente la fuerza y el poder, la mujer “debe” mantenerse lejos de cualquier ámbito que involucre fuerza física. “Mientras que el sexo físicamente más débil debe ser más propenso a confiar en su atractivo físico para negociar durante algún conflicto”, manifiesta.

¿Agresión animal?

DeWall no es el único que ha intentado analizar los efectos del alcohol. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) también se ha zambullido en las bebidas alcohólicas y sus efectos. 

Precisamente este fue tema de estudio para la doctora Esther García Castells, del departamento de Ciencias Fisiológicas del Instituto de Investigaciones Biomédicas, quien analizó la relación entre el consumo de alcohol y la agresividad en un grupo de monos verdes; ¿por qué? Encontrar coincidencias entre la conducta animal y la conducta humana, puede ayudar a comprender nuestro comportamiento, justifica la doctora.  

Y vaya que comportamiento encontró: el juego compulsivo y rudo es parte de los efectos del alcohol.  Según García Castells, los monos más jóvenes del grupo mostraron un comportamiento juguetón que más tarde se convirtió en un continuo hostigamiento hacía los demás monos, provocando la ira del macho alfa y recibiendo inclusive algunas mordidas.

Una vez que el mono “provocador” es agredido y aislado del grupo –continúa la descripción—,  éste intenta recuperar el contacto social integrándose de nuevo a la manada  e inclusive deja de beber para no provocar de nuevo la ira del macho dominante.

¿La conclusión? “La presión social evita que se desarrolle el alcoholismo”, concluye la doctora.

Al respecto, la psicóloga Berenice Sosa, del Centro de Tratamiento Morán, una institución privada, asegura que la batalla que se libra en el cerebro de un sujeto que comienza a embriagarse, asemeja un bombardeo de “narcóticos solubles”.

“En muchos de los casos la agresividad parece detonarse sin control porque les resulta difícil manejar su comportamiento  debido a un hipersensibilidad emocional”, comenta la psicóloga.

Pero como en todo estudio, siempre existe alguna excepción, Sosa García explica que los efectos del alcohol en nuestro organismo pueden variar de persona a persona, e inclusive explica que los comportamientos agresivos muchas veces están asociados con los rasgos de personalidad, aunque las investigaciones sobre el asunto aún siguen en curso.

De modo que no hay conclusión contundente, opina la especialista. Sin embargo considera que aún existen algunos cabos sueltos que deben considerarse a la hora de relacionar el binomio: alcohol-agresión.

 

 

 

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