Publicado el Martes, 16 Noviembre 2010 en la categoría Bicentenario

Identidad y fotografía: Gerónimo Hernández y la Revolución Mexicana *Parte II

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(Deberías leer la parte I)

Gerónimo Hernández fungió como representante de Nueva Era ante la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa, fundada en 1911 y presidida por Agustín Casasola. Dicho gremio organizó en octubre de ese año un banquete a Francisco León de la Barra, al cual asistió Hernández. La asociación también montó, en un salón anexo a la joyería “La Esmeralda”, la primera “Exposición de Arte Fotográfico” en México, que se inauguró el 8 de diciembre de 1911 por Alberto J. Pani, entonces subsecretario de Instrucción Pública.

El día de la apertura, Nueva Era confirmó lo que ya era una realidad en la prensa mexicana: “Los periódicos se adaptaron a los gustos del público, asumiendo carácter informativo, en combinación con el fotograbado, auxiliar poderoso y hermano carnal de la información”.13 Una semana después, el presidente Madero también apreció la exposición.

Nueva Era publicó algunas fotos que después de muchos años se volvieron un icono visual, sin embargo no se le ha otorgado el reconocimiento que merece. Las pocas instantáneas conocidas de Gerónimo Hernández destacan por mostrar rostros llenos de expresividad, entre las clases populares supo captar el momento justo en que el semblante de los retratados es sumamente emotivo, al grado de permitir asomarnos a su interior e hipnotizarnos con esa mirada que se dirige hacia el infinito y se graba en nuestra memoria.

 

Visitador apostólico



Hernández se encargó en varias ocasiones de cubrir la partida de las tropas hacia el norte o Morelos, entre otros sucesos del ámbito militar, aunque es posible que también asistiera a actos sociales. “Nuestro artista fotógrafo”, como le llamaban en Nueva Era, conocía bien su oficio, ya que además se dedicó a reproducir y ampliar obras de otros fotógrafos. En noviembre de 1912 trabajó para el El Intransigente, periódico dirigido por José Ferrel.

El diario maderista fue depositario de periodistas que ya contaban con cierta trayectoria y un gran prestigio, así como semillero de quienes apenas se iniciaban en el oficio. Directores, editorialistas, redactores, repórters, caricaturistas y fotógrafos se unieron a sus filas conscientes de la función que debían desempeñar y con la consigna de hacer un periodismo de calidad.

La mayoría de los hacedores de Nueva Era se enfrentaron a Victoriano Huerta y posteriormente siguieron combatiendo con su pluma a favor de la Revolución, ya fuera en el constitucionalismo o con los convencionistas; resultaron elementos fundamentales para lograr el triunfo definitivo del movimiento iniciado por Madero y se adhirieron al gobierno o a los distintos grupos de poder surgidos años más tarde. Su paso por Nueva Era no fue casual, más bien una consecuencia del pensamiento y el actuar que los caracterizó, factores que determinaron el ejercicio de su profesión tiempo después, ya que los integrantes del rotativo figuraron también en las redacciones de importantes publicaciones nacionales y en trascendentes proyectos periodísticos, sin embargo algunos de ellos no han sido debidamente reconocidos por su aporte al periodismo, a la fotografía y a la cultura de México, como es el caso de Gerónimo Hernández.

Cuando el 9 de febrero de 1913 inició el levantamiento contra Madero, se dice que Hernández acompañó a Madero con su pesada cámara desde el Castillo de Chapultepec a Palacio Nacional. Después de la Decena Trágica, no se supo nada más sobre la vida del fotógrafo. El secretario de redacción diurno de Nueva Era, José González M., recordó ese momento:Gerónimo Hernández

Volví nuevamente a la Plaza, y allí me encontré al fotógrafo de mi periódico… Jerónimo Hernández, que tomó la célebre fotografía del Señor Madero, doblando la esquina del jardín por la calle frente a Catedral, para entrar a la del frente de Palacio. En esa foto se ve a un papelerillo cerca del Presidente, a éste tremolando una pequeña bandera nacional…”.14

El 10 de febrero de 1913 Nueva Era informó sobre “los sucesos sangrientos de ayer”, aseveró que “la opinión pública está de parte del gobierno legítimamente constituido”, llamó a los soldados a regresar a los cuarteles, registró la muerte de Bernardo Reyes con una nota acompañada de un grabado del cadáver del general, y publicó otra famosa foto atribuida también a Gerónimo Hernández: “Bajo una salva de aplausos de los leales y una lluvia de balas de los traidores, el presidente Madero, bandera en mano, cruzó la ciudad para dirigirse a Palacio Nacional”.

Esta imagen ahora es célebre, Juan O’Gorman la inmortalizó en uno de sus murales, que también se reproduce en las portadas de millones de libros de texto de primaria; asimismo, es símbolo de la “marcha de la lealtad”, como se llamó a la manifestación que encabezó Madero del Castillo de Chapultepec a Palacio Nacional, escoltado por los cadetes del Colegio Militar –entonces dirigido por el general Felipe Ángeles–, para demostrar el apoyo del ejército y del pueblo al presidente en su lucha contra los sublevados.

Podemos suponer que Gerónimo Hernández –como muchos de sus colegas contemporáneos– estaba consciente del momento histórico del cual era testigo, seguramente sabía que su esfuerzo no sólo se quedaría plasmado en las páginas amarillentas de un periódico, sino que pasaría a formar la memoria colectiva de una nación. Sólo un trabajo de gran calidad puede pasar la prueba del tiempo, sólo así se puede explicar cómo una fotografía que en su momento funcionó como mero registro periodístico, años después se convierta en una obra de arte histórica que da identidad, tanto al poder político, como al pueblo de México.

Nueva Era



El martes 11 de febrero de 1913,15 dos días después del cuartelazo de Félix Díaz y Bernardo Reyes y la toma de la Ciudadela, el edificio de Nueva Era, ubicado en la esquina de Balderas y Nuevo México (hoy Artículo 123), fue incendiado y saqueado por simpatizantes de los golpistas. En esa misma fecha circuló entre el público la última edición del diario maderista.

Las crónicas sobre ese momento hablan de una turba que se dirigió a Nueva Era, en venganza porque el 9 de febrero, seguidores del presidente, “una multitud azuzada por la porra maderista”, trataron de quemar las oficinas de los diarios opositores: El País, La Tribuna, El Noticioso Mexicano y El Heraldo Independiente, el inmueble de éste último resultó dañado por el ataque.16

El desastre del diario fue narrado por un testigo: “Sin tardanza salió de la Ciudadela un grupo de individuos ebrios, dirigiéndose al edificio [de Nueva Era], que bien pronto era pasto de las llamas, sin que hubiera habido quien tratara de impedir los avances del voraz elemento, no obstante que uno de los Cuerpos de Bomberos tenía su matriz a muy corta distancia”.17

Por su parte, Juan Sánchez Azcona relató:

Durante la Decena Trágica fue incendiado el edificio de Nueva Era […]. Los incendiarios fueron los mismos “fifíes” metropolitanos que incendiaron la casa residencia de los padres del Presidente Madero. Cuando vieron que el fuego no alcanzaba a destruir la magnífica y flamante rotativa, buscaron petardos de dinamita y de los que se emplean en las minas, y en vandálica y bochornosa exaltación volaron la valiosa maquinaria.

[…] En el incendio perdí importantes papeles y queridos objetos míos, que había dejado depositados en el edificio del que fuera diario de mi dirección. Entre ellos, el histórico estandarte de México Nuevo y un soberbio retrato autografiado de mi gran maestro Emilio Zola.18

El atentado contra Nueva Era dejó unas instalaciones en ruinas, numerosos agujeros en sus paredes como marca de los disparos y las ventanas ahumadas. En un clima caótico y a pesar de estar muy cerca del campo de batalla, el periódico alcanzó a imprimir dos números de cuatro planas, además de la edición extra del domingo 9 de febrero de 1913, en la cual se dio a conocer el alzamiento de Díaz y Reyes. Ante la ausencia de energía eléctrica y transporte, y con el fuego cercando la Ciudadela, en esa región de la capital sólo quedaron calles vacías.

Tropas huertistas

Con la Decena Trágica terminó lo que se anunció como una “nueva era” de libertad y democracia. Así acabó también su más fiel representante: Nueva Era.

De igual forma, es muy posible que entre el incendio, las ruinas y el saqueo haya desaparecido gran parte de la obra de Gerónimo Hernández; sin embargo, sus pocas fotografías conocidas, después de cien años, dan identidad a ese periodo de la historia de México y por ello perviven en nuestra memoria. En suma: son dignas de recordarlas, aunque sea por medio de estas palabras.

 

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Notas al pie

13 “Se inaugura hoy la primera exposición de Fotografía Mexicana”, Nueva Era, 8/diciembre/1911, p. 5.

14 Miguel Ángel Morales, op. cit., p. 73.

15 No se sabe con exactitud la fecha del ataque contra Nueva Era, sin embargo consideramos el 11 de febrero de 1913, porque al siguiente día ya no se imprimió el diario, seguramente por los daños ocasionados. José Juan Tablada registró el 12 de febrero en su diario: “A la una de la tarde el capitán Flores me dice que han quemado las redacciones de Nueva Era y El Diario” (Tablada, Diario, p. 86). Por su parte, Miguel Ángel Morales, escribió que el 19 de febrero (fecha muy posterior e improbable): “Frente al restaurante ‘Gambrinus’, defendido por rurales, la gente pide a gritos la muerte de Gustavo Madero y posteriormente incendia las oficinas y talleres del periódico maderista Nueva Era, en represalia por la destrucción de La Tribuna y otras publicaciones” (Miguel Ángel Morales, “Cronología”, en La Ciudadela de fuego, pp. 130-131).

16 Ese mismo día, el poeta colombiano Miguel Ángel Osorio Benítez, mejor conocido por su alias Porfirio Barba Jacob, hospedado en un hotel de avenida Juárez, fue testigo del amotinamiento, frente a Nueva Era, de un grupo de diez personas que se encaminaron a los talleres de dichos diarios. Por esos días también fue incendiada la casa de la familia Madero, ubicada en la esquina de Liverpool y Berlín. Miguel Ángel Morales, op. cit., p. 119-120.

17 M.R.P., “Una sesión memorable”, El Demócrata, 20/octubre/1915, p. 1.

18 J. Sánchez Azcona, Apuntes para la historia de la Revolución Mexicana, pp. 318-320. Petra Garza Madero de Romo, nieta de Gustavo A. Madero, aseveró: “En sus oficinas había mucha documentación que hubiera sido muy útil para la nación, pero más tarde fueron incendiadas, y todo eso se perdió”. “Introducción”, en Gustavo A. Madero, Epistolario, México: Diana, 1991, p. 30.

Obras consultadas

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Gomis, Lorenzo. Teoría del periodismo. Cómo se forma el presente, Barcelona: Paidós, 1991.

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La Ciudadela de fuego. A ochenta años de la Decena Trágica, edición de Antonio Saborit, México: Conaculta, 2003.

Madero, Gustavo A. Epistolario, introducción de Petra Garza Madero de Romo, México: Diana, 1991.

Morales, Miguel Ángel. “La célebre fotografía de Jerónimo Hernández”, Alquimia, núm. 27, mayoagosto de 2006, pp. 68-75.

M.R.P., “Una sesión memorable” (“La trágica pesadilla huertiana”, XLIV), El Demócrata, México, 20/octubre/1915, p. 1. Serie sobre el cuartelazo, publicada del 24 agosto al 28 de octubre de 1915.

Ross, Stanley R. (introducción, ordenamiento y compilación). Fuentes para la historia contemporánea de México. Periódicos y revistas, volumen I, México: Colegio de México, 1965.

Ruiz Castañeda, María del Carmen y Luis Reed. El periodismo en México: 500 años de historia, México: Edamex-Club Primera Plana, 2005.

Sánchez Azcona, Guadalupe. El contenido literario en la obra periodística de Juan Sánchez Azcona, tesis de Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, México: UNAM-Facultad de Filosofía y Letras, 1963.

Sánchez Azcona, Juan. Apuntes para la historia de la Revolución Mexicana, México: INEHRM, 1961. Tablada, José Juan. Obras IV. Diario (1900-1944), edición de Guillermo Sheridan, México: UNAMInstituto de Investigaciones Filológicas-Centro de Estudios Literarios, Nueva Biblioteca Mexicana-117, 1992.

Velasco Valdés, Miguel. Historia del periodismo mexicano (apuntes), México: Manuel Porrúa, 1955.

Vera Estañol, Jorge. La Revolución Mexicana. Orígenes y resultados, México: Porrúa, 1957.

Periódicos

Nueva Era. México, 31/julio/1911-11/febrero/1913.

El Demócrata. México, agosto-octubre/1915.

 

 

 

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